Stan Lee: el genio de las viñetas le dijo adiós al mundo

El escritor Stan Lee, que revolucionó el mundo del cómic al crear para Marvel los personajes de Spider-Man, Los Vengadores, Hulk, Pantera Negra o los Cuatro Fantásticos, ha muerto a los 95 años en Los Ángeles, según ha confirmado su hija: «Mi padre amó a todos sus fans. Fue el hombre más decente y grande», dijo Joan Celia Lee.

Stan Lee

Coloso de las viñetas estadounidenses y referencia imprescindible de la cultura popular en el último medio siglo, Lee comenzó en Marvel Comics, junto con Jack Kirby, en 1961 trabajando en Los Cuatro Fantásticos. Las exitosas adaptaciones cinematográficas de Marvel, en las que Lee siempre se reservaba un pequeño y humorístico cameo, habían llevado al artista de vuelta a los focos de los medios de comunicación. «Lo que hice fue intentar escribir historias que me gustaría leer y de un modo u otra función», dijo en agosto de 2017 en un homenaje a su carrera en Los Ángeles.

Sus inicios

Stanley Martin Lieber nació el 28 de diciembre de 1922 en Nueva York. Nada más terminar la escuela secundaria, a finales de 1940, empezó a trabajar como ayudante en la editorial Timely Comics (hoy Marvel Comics), entonces propiedad de Martin Goodman. Un año después, Lee debutó como guionista con un relato de dos páginas protagonizado por Capitán América que firmó como como Stan Lee (años después, cambió oficialmente su nombre, adoptando el seudónimo por el que era ya universalmente conocido). Su objetivo, entonces, era convertirse en un escritor a la altura de sus admirados William Burroughs, Robert Louis Stevenson y Arthur Conan Doyle.

El comienzo

Sus empleos de adolescencia fueron varios: escribió obituarios para el Centro Nacional de Tuberculosis, vendió vaqueros y fue acomodador en Broadway. Todo cambió cuando su tío le invitó a las oficinas de su editorial, entonces conocida como Timely Comics. Lee no sabía nada de historietas, pero el cometido era claro: “¿Podéis darle algún encargo?”. Joe Simon, redactor jefe a punto de lanzar Capitán América, lo contrató al instante.

‘Más acción y menos diálogo’

En meses, el joven pasó de limpiar ceniceros a rellenar viñetas para los héroes ficticios de la Segunda Guerra Mundial. Algo que le inspiraría. Lee se alistó en el Ejército tras el ataque de Pearl Harbor. Su primera creación fue Destroyer, un superpoderoso doctor antinazi. A los 19 años ya era redactor jefe, pero los monstruos y el terror no le motivaban; seguía queriendo desarrollar sus ideas en literatura. Un encargo de sus jefes en Marvel colmó su paciencia: copiar la JLA, grupo de Superman y Batman en la rival DC. “Queremos más acción y menos diálogo”. Después de una década, estaba decidido a dejarlo todo. Pero su mujer, que murió en 2017, le paró: “Desarrolla tus cómics con tus ideas ¿Qué harán, despedirte?”. Era el momento de quitarse los grilletes. El 8 de agosto de 1961 llegó a las estanterías Los Cuatro Fantásticos y todo cambió. 

Las viñetas

El cuarteto, creado junto a Jack Kirby, era lo contrario a los superhéroes llamativos que le pidieron: era una familia de astronautas con poderes que no llevaban disfraz. Sus problemas personales ocupaban tantas viñetas como las peleas. Además, vivían en la muy real Nueva York. Sin saberlo, la semilla del universo Marvel estaba plantada. Pronto las antologías de monstruos y modelos fueron sustituidos por héroes imperfectos como Hulk, Thor, Spiderman, Iron Man o Los Vengadores, donde Lee recuperó al Capitán América de Simon y Kirby como héroe fuera de lugar. Su mensaje iba más allá de las peleas. Lee fue el primero en trasladar al cómic asuntos como la drogodependencia, las analogías de los derechos civiles y las minorías en los X-men y también en presentar superhéroes negros como Halcón o Pantera Negra. Hasta Federico Fellini o Alain Resnais paraban para visitar las oficinas neoyorquinas.

Su método

Lee escribía y controlaba decenas de títulos mensuales, lo que le llevó a diseñar también un método de trabajo eternamente rodeado de polémica. Él escribía el argumento para dibujantes como Kirby o Steve Ditko, que se encargaban de dibujar y distribuir las páginas. Entonces, el trabajo volvía a Stan, The Man, que simplemente rellenaba los diálogos. Nunca quedó claro dónde empezaba el trabajo de cada uno y numerosos dibujantes rompieron su relación con Marvel al sentirse injustamente tratados. Los 4F, por ejemplo, era el título más inventivo, pero las versiones sobre quién puso el germen difieren. Allí se tejía la mitología Marvel con conceptos grandilocuentes, galaxias recónditas y personajes como Estela Plateada. Kirby cada vez necesitaba menos dirección y Lee cohibió su creatividad desenfrenada que en cada número daba un nuevo personaje.

El personaje

Mientras, Lee rehuía polémicas y no mencionaba las acusaciones de Kirby y herederos sobre la autoridad de la obra. Era el rostro y el mensaje de Marvel, respondía el correo y narraba los dibujos en TV. Las cabeceras leían “Stan Lee presenta”. Vitalista y entusiasta, el guionista contaba las mismas historias a sus fans siempre con una cadencia dramática y pasional apuntalada con latiguillos como “¡Excelsior!”. Detrás de su inconfundible bigote canoso y gafas oscuras, era difícil diferenciar la persona de su excesiva caricatura.

Una celebridad

En 1972 dejó de ser redactor jefe para heredar el título de editor de su tío, que mantuvo hasta 1996. Aunque ya no parara por el bullpen Marvel, era una celebridad, el icono del cómic que había despertado la pasión de autores y cineastas. Solo le quedaba una espinita: alcanzar Hollywood. Y Kevin Smith, uno de sus fans, fue el primero en aprovechar esa vena cinematográfica, al transformarlo en sabio mentor en el filme Mallrats. Pero fue la colonización de Hollywood de sus personajes lo que le dio una segunda vida en los focos.

Sus cameos

Sus decenas de cameos en pantalla eran lo más esperado por los seguidores, así que fueron ganando minutos: desde su aparición entre la multitud en X-men hasta colarse en el póster de Deadpool o interpretar al cartero de Los 4 Fantásticos. Tras décadas de fracasos cinematográficos y algún bache con Marvel, no había nadie más entusiasta vendiendo las películas que Lee, reconvertido en el productor más poderoso de la historia. Sus divertidos cameos incluso lo llevaron a colarse en proyectos ajenos como Princesa por Sorpresa 2, Big Bang Theory y Los Simpson. Hasta presentó un reality-show en busca de superhéroes reales. Su último cameo hasta la fecha era el de Venom, aunque diversas fuentes informan que le dio tiempo a rodar Vengadores 4, el final de la saga más taquillera de su historia.

Su biografía

Lee nunca dejó de escribir (si bien los últimos años fueron azarosos por su neumonía y su herencia), tanto en proyectos puntuales con Marvel como desarrollando productos de discutible calidad como Stripperella, una superheroína con voz de Pamela Anderson. Fundó su productora y cada mañana iba a su oficina. En 2015 lanzó su autobiografía en viñetas y meses después estrenó la teleserie Stan Lee’s Lucky Man. Aunque su sello fuera ya más marca que creatividad, seguía siendo el invitado más esperado en las convenciones de cómic hoy multiplicadas por el mundo. No podía dar un paso sin una foto. Él había visto surgir de la nada este movimiento cultural. Era el patriarca fuera de tiempo. Un ícono. Eso sí, seguía contestando con arrojo cualquier duda sobre quién era más fuerte, si La Cosa o Galactus: “Depende del guionista”.

El genio

50 años después de renunciar a su sueño, lo reconocía: “No tendría paciencia como novelista. Me sentaba siete horas y acababa el cómic ese día. Era el mayor placer. No me queda nada por hacer pero si me jubilara, solo querría escribir”. Como diría él: ’nuff said (está todo dicho).

Artículo tomado de El País 

 

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