Sábados de espías: OSS 117: Tokio Hora Cero (1966)

Ha llegado un nuevo fin de semana. Es sábado y por supuesto, sacamos un tiempo para dedicarle un espacio al cine de espías… el turno es para la cinta francesa del año 1966, ‘OSS 117: Tokio Hora Cero’, como parte del aporte realizado en el cine europeo por el boom de la Bondmanía. Acá haremos, el análisis, gracias al portal argentino sssm.com quien nos deleita con estos artículos. Hoy, sábados de espías: OSS 117: Tokio Hora Cero (1966).

Ficha técnica

Francia, 1966: Frederick Stafford (Hubert Bonisseur de La Bath, agente OSS 117), Marina Vlady (Eva Wilson), Jitsuko Yoshimura (Tetsuko), Mario Pisu (Vargas), Colin Drake (Babcock), Billy Kearns (Mister Smith)

Director: Michel Boisrond – Guion: Marcel Mithois, Pierre Foucaud & Terence Young, basados en el personaje creado por Jean Bruce.

Resumen

El gobierno de los EE.UU. está siendo chantajeado por una organización secreta, la cual afirma haber desarrollado un misil indetectable capaz de vaporizar una ciudad en cuestión de segundos. A cambio de los planos del arma, la organización ha exigido un cuantioso rescate a pagar en el corto plazo y, para demostrar la veracidad sobre la existencia del misil, ha aniquilado una base militar norteamericana situada en Medio Oriente. El agente del Servicio Secreto Francés Hubert Bonisseur de La Bath – alias OSS 117 – ha examinado las fotografías previas al ataque, y ha descubierto que el misil indetectable es una versión miniaturizada a escala de un jet de guerra norteamericano, lo cual lo hace invisible tanto al radar como a los ojos de los observadores humanos. 

Antes de Bond

Ya existía OSS 117. Nacido en 1949 de la mano de Jean Bruce, el movedizo agente de los servicios secretos franceses protagonizaría incontables aventuras a lo largo de 254 novelas, la última de las cuales apareció en 1992. Una larga y prolífica carrera para un héroe de pequeños libros cuyo mayor propósito era ser un pasatiempo válido en los momentos de solaz de la Guerra Fría.

Comparación

Pero, si uno analiza en detalle y lo compara contra la obra de Ian Fleming (quien empezó a publicar aventuras de 007 en 1952), verá que la genética de OSS 117 y 007 es bastante parecida. En realidad uno podría afirmar que Fleming tomó el molde creado por Bruce – héroe cínico y duro con las mujeres, amante de la aventura internacional, e identificado con un prefijo inconfundible – y lo reformó hasta hacerlo propio. Quizás Fleming fuera menos prolífico, pero sus obras no eran excesivamente superiores a las de la saga OSS 117.  

OSS 117: Tokio Hora Cero

Es una nueva aventura del agente secreto creado por Jean Bruce. OSS 117 había sido llevado al cine durante la década del 50 – OSS 117 No Está Muerto (1956) – pero no sería hasta la explosión de la Bondmanía – a partir de los buenos números de recaudación de ‘Doctor No‘ en 1962 y el éxito mundial de  ‘Goldfinger‘ en 1964 – que los productores continentales salieron nuevamente con el personaje con el propósito de conseguir algunos dividendos al fenómeno de cine de espías en la época. Material tenían de sobra – las mencionadas 254 novelas escritas por Bruce, su mujer y, más tarde, sus hijos – y, como las aventuras de OSS 117 no eran mas que intrigas ambientadas en algún que otro escenario exótico, lo único que se precisaba era una estrella serie B y un par de pasajes de avión. 

Bajo presupuesto

Con el furor de los filmes de 007, el agente secreto francés había sido revivido gracias a un checo enorme – 1.91 metros – que hablaba con fluidez cinco idiomas y que tenía un rabioso look conneryzado: se trataba de Frederick Stafford, el cual tendría su época de gloria en el género del cine de euroespías durante la década del 60. Amén de hacer dos películas como OSS 117, sería el agente 505 en Agent 505 – Todesfalle Beirut (1965), y terminaría la década con el fracasado experimento bondiano de Alfred Hitchcock Topaz (1969), filme que no terminó por satisfacer a nadie. Decepcionado por no haber podido impresionar a nadie en Hollywood, Stafford haría las maletas y se volvería a Europa, en donde seguiría rodando películas de series B hasta 1977, año en que fallecería en un accidente aéreo.

Carisma

Pero si en Topaz Stafford era un protagonista débil, por el contrario brilla de gran forma en OSS 117: Tokio Hora Cero. Aquí se planta frente a cámara con decisión y carisma, manejando muy bien el humor y los puños, y cargándose con soltura el peso del filme sobre sus hombros. Curiosamente sería otro actor salido de las filas de Hitchcock – y duramente criticado por el director inglés – quien iría a Europa para tomar el lugar de Stafford en la serie mientras éste rodaba Topaz: hablamos de John Gavin (Psicosis), quien pondría el cuerpo al agente secreto en No Roses for OSS 117 en 1968.

Poco brillante

OSS 117: Tokio Hora Cero no es una película de espionaje brillante. La historia es medio traída de los pelos, no tanto por el tema de los misiles en miniatura – camuflados como aviones a escala -, sino por cómo toda esta gente se topa con el personaje de Marina Vlady, la cual trabaja en la otra punta del mundo y parece estar pasándole información a los villanos de turno. Como suele pasar con el 90% de las historias de espionaje la trama tiene agujeros de lógica, pero éste no es un defecto para achacarle a Jean Bruce sino al género en su totalidad. 

Entretenida

OSS 117: Tokio Hora Cero como lo que es: una aventura pulp, en donde la historia es lo de menos; es una excusa para pasar el rato con el héroe, el cual es un tipo simpático, valiente y aventurero. El resto es un pretexto armado con cierta lógica. En ese sentido, OSS 117 no difiere demasiado de las aventuras literarias de Matt Helm o, incluso, de su par francés el Comisario San Antonio. Incluso hay salidas de Stafford que uno podría poner en boca de Jean Dujardin, ese francesote sacado que reinventó a OSS 117 en clave de bufonada en el 2006. El tipo nunca se siente en peligro, y siempre tiene un remate gracioso a flor de labios.

Poca creatividad

Si bien el OSS 117 de Stafford es muy agradable, por contra la historia es rutinaria. Las peleas no son nada del otro mundo – y eso que Stafford tiene oportunidades para lucirse, como cuando pelea con un japonés gigantesco que le lleva una cabeza, combate que termina siendo toda una desilusión -, las persecuciones y las balaceras tampoco, y si hay algo rescatable es el clímax, el cual es premonitorio de La Espía que me Amó. Acá hay otro petrolero hueco que alberga un yate y que ha sido reformado como plataforma móvil de misiles; por supuesto los escenarios son demasiado baratos como para ser sofisticados, pero al menos hay una chispa de creatividad. 

Conclusiones

OSS 117: Tokio Hora Cero es típica rutina de matineé, que se digiere sin que deje recuerdo. El otro dato curioso es que el libreto está firmado por Terence Young – el mismo que dirigió Dr. No, Desde Rusia Con Amor y Operación Trueno – y que parecía fantasear con obtener su propia saga de agentes secretos. Lástima que OSS 117 jamás pasó de ser un éxito local en Europa, y ni siquiera desembarcó en otros lugares del mundo (como América Latina), razón por la cual jamás pudo pasar de ser otro aspirante pobre al cetro del taquillero 007.

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